María Carolina Tornincasa
“Te esperamos con la luz
prendida…”
Alguien
está en un sitio y algo, alguien, alguno, lo convida a pasar. A salir. A
realizar una travesía. A realizar un pasaje. Puede ser una casa y la invitación
es a salir hacia fuera. Puede ser el refugio de la intimidad y el convite es a
la alteridad. Puede ser el silencio y la invitación es a conversar.
La
invitación es la mirada, la memoria, una palabra como “bienvenida” o una
pregunta, una mano extendida, una sensación: la ternura.
Pasar
como pasear. Es la diferencia entre el tiempo que pasa y lo que pasa en el
tiempo. Diferencia como intensidad. Tiempo como hondura.
No
es el sitio, es el estar atravesando en los segundos de la travesía.
Se
atraviesan los segundos y lo que permanece es una esforzada paciencia por no
desistir de todo lo que es capaz de atesorar la mirada.
La
Hna. Mira viaja, e invita a viajar. Deja pasar lo que ya sabe. Atraviesa lo que
no sabe. Pasa un signo, una palabra que pueda atravesar a quien lo reciba. Es
signo de lo que se detiene para escuchar, para mirar, para escribir, para
pensar, para iluminar…
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